María + Jorge


         JORGE
Veo aparecer el coche y me tiemblan las piernas. Un padre orgulloso de su hija abre la puerta. Su tío justo al otro lado espera emocionado y yo, desde la lejanía intento sin éxito verle la cara.Una luz blanca asoma. Un vestido impecable que describe a Maria. Un paso, otro paso, un suspiro y levanta la mirada. Unos árboles cuidando de unas escaleras le invitan a adentrarse.

A caminar hasta ese lugar, hasta ese momento. Tres escalones, dos escalones, un escalón y levanta nuevamente la mirada. Su sobrina corretea, nuestros invitados aplauden y gritan. Parece que el sol solo la mira a ella. Yo, me limito a mirar, sonreír y tragar saliva. Puedo decir que, si la felicidad se parece a algo, creo que es al rostro de Maria. Nos miramos y avanza hacia mí. La música suena y los pájaros hacen de coro. Nuestros invitados la miran, sonríen, lloran, algunos tragan saliva también. A mi me recorre un escalofrío que me tiene paralizado. Nuestras manos se funden. Nuestras miradas cómplices se abrazan. ¿Adivinas quien es capaz de capturar e inmortalizar todas y cada una de las sensaciones que acabo de describir? Dark Orange Photography. Olga es especial. Tiene la capacidad de integrarse en tu vida sin que te des cuenta y sacar lo mejor de ti en forma de fotografía. Además, es capaz de hacer lo mismo con el entorno que le rodea. Maravilloso.

        MARIA
Hace año y medio del día de nuestra boda y aún recuerdo cada detalle como si estuviese sucediendo ahora. La luz del sol, el color del otoño empezando a teñir la naturaleza que tanto amamos ambos… Y, sobre todo, las emociones que vivimos aquel 13 de octubre. Cuando Jorge y yo nos conocimos, ocurrió eso que sabes que no volverás a tener oportunidad de vivir, si no la aprovechas en el momento. Una relación a distancia, unas ganas que podían con todo y una cantidad enorme de sueños por cumplir. Como dice la canción con la que entramos al banquete “qué electricidad, vaya conexión, la complicidad de alta tensión…” la escribo y me sale la sonrisa al evocar el instante en que empezó a sonar, y nosotros a saltar y reír al ver a nuestra gente, feliz, esperándonos.
Tuvimos la boda que habíamos soñado, aunque en realidad superó nuestras expectativas con creces. Nuestra gente, pocos, pero sabiendo que con cada uno compartíamos vínculos especiales. El espacio, el lugar donde se casaron mis padres, el mismo día, 30 años antes. El Castell de Barxell, rodeados de montañas, de flores y de nuestra terreta… Tengo muchos momentos inmortalizados cual fotografías en mi memoria: La cara de mis padres al verme vestida, mi hermana ayudándome a vestirme… ver el vestido de mis sueños colgado en mi casa, ese que tantas pruebas en el taller de Rosas rosa había costado conseguir, para finalmente ser una extensión de mi forma de ser, de mí misma… Mis abuelos con cara de “no hay novia más guapa” que para eso son los abuelos, ¿no? … los bailes con mis amigas, verlas tan guapas en la ceremonia… y mi favorito, levantar la cabeza al llegar a la ceremonia, y ver entre tantas sonrisas, una que, a pesar de ir acompañada de lágrimas, me esperaba con tanto amor que yo no podía más que sonreír y cantar nuestro “qué bien” … Y por qué os cuento esto, porque tenemos la gran suerte, de tener todos estos momentos, inmortalizados por Olga. Y a quién diga que una foto es solamente un instante congelado, os invito a ver las maravillosas capturas que realiza Olga, porque seguro que podréis ver en ellas todos los sentimientos que os hemos contado. Con Olga es todo tan fácil, que pasa a formar parte de tu vida sin que te des cuenta, porque además de una excelente profesional, es de esas personas, que de una manera u otra, quieres tener cerca en la vida. Desde la primera reunión conectamos tanto, pone tanto amor en lo que hace, que lo que iba a ser solamente el día de la boda, se ha convertido en una sesión previa y otra posterior. Porque solo queremos más imágenes tomadas por ella, nos sentimos tal cual somos al vernos en sus fotos, y eso no es capaz de hacerlo cualquiera…

 


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